
Cómo no padecer endémica indecisión si leer la poesía contenida en tu piel equivale a exactísimas evocaciones, trazadas por tus labios, cuyo cripticismo ni aparente siquiera resulta, leído con el tamiz de tu recuerdo, perfecta interpretación de nuestra común mirada y de las tangenciales intenciones compartidas, experimentadas, impulsadas, obsequiadas hasta fundirnos en nubes de calor y color emocional, auténticos teatros aéreos esculpidos por tu tibieza y el prodigio de tu sentir.
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