Aún recuerdo, a las 13.17 horas de aquel señalado día de Junio, la desgarrada, firme, pasional, bellísima canción, desparramada por una potente, clara, precisa, generacional voz, hasta paliar súbitamente mi ingrata presencia en aquel páramo adyacente de una absurda urbanización universitaria, cuando acudí presuroso, al compás de los minutos, hasta quedar conmovido de inmediato por la profundidad añadida y simbólica de una música de enorme gravitación emocional, sin recordar, aún, haber anotado aquel 11 de Diciembre, en la primera página de un libro repleto de significaciones literarias y personales, depositando allí un jirón de memoria, a la espera de que germinase y me hablara de ti, en la creencia de que las fechas en buena parte nos conforman, por ser hijos del tiempo e incluso estar habitados por su origen, su transcurso, sus afluentes y sus efluvios existenciales.
Como contemplo ahora mismo algunos hitos comunes, ubicados en el cruce que media entre el azar y los afectos, rememorando cuanto nos hemos confesado sobre la aridez, la creatividad o lo anodino e irrelevante de la vida, mientas navego en esta tarde por las riberas de tu ocasional ausencia, deseando compartir contigo, arribado ese naciente 11 de Diciembre, que tanto te pertenece, dos obras sutiles, armoniosas, vibrantes, expresamente vinculadas entre sí: el Aria de las Variaciones Goldberg BWV 988 de Johann Sebastian Bach y el Aria de las Bachianas brasileiras No. 5, de Heitor Villa-Lobos, que, si te parece, mentalmente ubicaremos, con osadía y confidencia, entre la música zen y el canto gregoriano.
Como contemplo ahora mismo algunos hitos comunes, ubicados en el cruce que media entre el azar y los afectos, rememorando cuanto nos hemos confesado sobre la aridez, la creatividad o lo anodino e irrelevante de la vida, mientas navego en esta tarde por las riberas de tu ocasional ausencia, deseando compartir contigo, arribado ese naciente 11 de Diciembre, que tanto te pertenece, dos obras sutiles, armoniosas, vibrantes, expresamente vinculadas entre sí: el Aria de las Variaciones Goldberg BWV 988 de Johann Sebastian Bach y el Aria de las Bachianas brasileiras No. 5, de Heitor Villa-Lobos, que, si te parece, mentalmente ubicaremos, con osadía y confidencia, entre la música zen y el canto gregoriano.
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